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PLANTANDO ÁRBOLES PLANTAMOS VIDA

Medio ambiente
23-07-2010
Fundamentales en nuestras vidas, los árboles constituyen un aspecto primordial del desarrollo sustentable de la ciudad y el mejoramiento continuo y renovado de la calidad de vida de sus habitantes. Fomentar su plantación y cuidado es ineludible.


“Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy, todavía plantaría un árbol”, dijo Martin Luther King…

Cuando se habla de la ciudad, frecuentemente, escuchamos que debemos tratarla como a nuestra casa. La palabra “casa” se refiere a lo material, a la construcción; sin embargo, deberíamos ampliar esta visión permitiéndonos ir más allá, con principios cimentados desde una esencia más espiritual: pensarla como a un hogar.

Porque cuando pensamos en el hogar, imaginamos un lugar amable, acogedor y cálido; un espacio en el que deseamos permanecer, pues nos contiene y nos hace sentir mejor. Desde esa perspectiva, deberíamos propiciar muchos cambios en nuestras ciudades porque sabemos que poco de esto se cumple y por el contrario hay mucho desorden, aspereza, intolerancia y caos.

En la ciudad, habitamos en dos categorías básicas de espacios: el privado y el público. El espacio público, con sus vías de comunicación y sus servicios, es trama de relación entre los espacios privados, pero además, contiene lugares con predominio de vegetación (natural o implantada) o con trabajos de parquización y equipamiento, que reconocemos y denominamos como “espacios verdes”.

Fundamentales en la ciudad, recuperan para la misma el color de la naturaleza. La sombra y la frescura protagonizan estos espacios destinados a recreación, esparcimiento, contemplación, encuentro social, deporte y contacto con lo natural.

En consecuencia, constituyen un aspecto primordial del desarrollo sustentable de la ciudad y el mejoramiento continuo y renovado de la calidad de vida de sus habitantes, pues proporcionan valor agregado al espacio público. También, contribuyen a conservar energías y servir de freno al cambio climático, mejorar la calidad del aire, controlar el nivel de las napas freáticas, conservar la diversidad biológica, beneficiar la salud física y psíquica, fomentar una cultura de ciudad con calidad urbana y acrecentar el patrimonio cultural.

En el AMBA (Area Metropolitana de Buenos Aires) hay una crítica relación de áreas o espacios verdes en función de la cantidad de habitantes. Debería repararse con acciones políticas concretas como planificación de nuevos espacios, una legislación avanzada para proteger los existentes y, sobre todo, aquellos espacios verdes potenciales; así, se evitaría la presión y especulación inmobiliaria que pretende transformar todo en cemento, generando y acelerando el deterioro del ambiente urbano.

Sin lugar a dudas, la participación para impulso de estas políticas es un tema clave. La transformación de la ciudad está en manos del compromiso ciudadano: centro de acción y fuerza necesaria para generar cambios. La tarea de hacer comprender la importancia del sostenimiento, crecimiento y correcta gestión de estos espacios demanda un esfuerzo de toda la comunidad, la familia, la escuela, la universidad, las empresas…. Y es ineludible.

Plantas y árboles son fuente de alimento, proveen madera para muebles y construcciones y materia para medicamentos, ayudando a una vida más confortable y sana. Pero no debemos mirarlos únicamente desde la lógica utilitaria y la importancia económica, sino también, desde una visión que ponga en perspectiva a la vegetación como el gran sustento de la inmensa mayoría de las formas de vida. La tierra no puede imaginarse sin plantas o sin árboles.

Esto últimos son actores principales y de los que más contribuyen a las calidades y cualidades ya mencionadas de los espacios verdes. En nuestras ciudades, el árbol es un protagonista fundamental del verde urbano, aportando condiciones estéticas y de belleza, pero está lejos de cumplir un papel meramente ornamental. Es un bien que nos ofrece la naturaleza, y que puesto en la balanza, es infinitamente mayor que cualquier inconveniente o esfuerzo que supuestamente podría causarnos cuando tenemos que plantarlo, cuidarlo o recoger sus hojas en el otoño.

Sombra y cobijo, flores y frutos, aroma, paisaje, un ejemplo de servicio que crece para todos nosotros, absorbiendo el dióxido de carbono transformándolo en nutrientes para la propia planta y aportando oxígeno esencial para nuestra vida. ¿Reconocemos ese valor, esa entrega vital para nosotros?

Respetar y cuidar a nuestros árboles demostraría un principio de reconocimiento, pero no es suficiente. Quién tenga posibilidad de plantar individualmente uno, debería hacerlo. Quién tenga posibilidad de organizar una plantación, más ó menos masiva, debería hacerlo. En el frente o en el fondo de su casa, en un espacio verde del barrio, en la escuela, organizando plantaciones desde ONGs y con los municipios, en espacios comunes, en plazas. El esfuerzo será ampliamente recompensado por todo lo expuesto, pero también, el disfrutar de su crecimiento.

El 29 de agosto es el día del árbol y esta nota se adelanta porque estamos en el mejor momento del año –meses de frío- para plantarlos. Que ese día nos encuentre con el esfuerzo realizado, será sin dudas el mejor homenaje.

“Si mañana fuera el último día de la tierra quiero, de todos modos, hacer algo importante hoy”, propone la cita de comienzo… Elige al árbol -a modo de remate de ese pensamiento-, como metáfora pero también poniéndolo en todo su valor. Valor y símbolo reconocido por culturas y civilizaciones.
Atesoremos en nuestro corazón la trascendencia y la esperanza que nos transmite Martin Luther King. En la práctica, entre muchísimas cosas importantes que hay por hacer, plantemos árboles: plantemos vida.

Arq. Rodolfo Frizzera
Especialista en planificación estratégica, desarrollo local y ambiente

Para más información sobre consejos y pasos a seguir para plantar árboles: rfrizzera@hotmail.com


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