Corría el año 1952, moría Eva Perón, y él era un lustrabotas de 9 años en su Chaco natal. A los 13, asistió por primera vez a una iglesia Pentecostal y le cambió la vida. Después de 45 años, sigue aferrado a su fe y vive para asistir a los saqueados y olvidados.
Carlos Soto es un pastor evangélico que recorre kilómetros y kilómetros asistiendo de diversas formas a una gran comunidad toba y criolla de la provincia del Chaco. Allí nació y vive. De su infancia no tiene recuerdos que se acerquen a la dura realidad que viven sus hermanos hoy: “Antes, el toba vivía de sus artesanías y de su tierra”, expresó a Radio Parque Vida y recuerda que, a partir del año 1976, cuando la gobernación estuvo a cargo de la intervención militar del Coronel Antonio Serrano, los poseedores naturales, los aborígenes, fueron desplazados hacia grandes extensiones de tierras blancas o áridas.
Con esos espacios se hicieron grandes negociados; fueron repartidos entre políticos y gente del espectáculo que recorre el país contando chistes sobre su terruño natal.
Soto, “pastor zonal”, como lo llaman, vive dedicado junto a su familia a asistir con mucho sacrificio a la gran cantidad de personas que carecen hasta de lo mínimo necesario en el barrio toba y sus alrededores.
En un estudio realizado por el Centro de Estudios e Investigación Social Nelson Mandela, del Chaco, que data del 5 de marzo de este año y se titula “¿Continúa el desastre humanitario?”, puede leerse: “Todas las poblaciones, rurales y urbanas, que habitan en el Impenetrable acarrean el mayor subdesarrollo del total de la Argentina, considerado desde lo institucional, político, social, económico y sanitario. El más rico tiene ingresos 70 veces superiores al más pobre. La desigualdad social es extrema. La brecha entre ricos y pobres es un abismo”…
La situación de hambre, abandono, falta de agua y emergencia sanitaria es una realidad constante en una población castigada sistemáticamente por diversos intereses mezquinos. “Hasta la abertura del Impenetrable ha sido una de las acciones más corruptas de gobiernos militares en contra de los aborígenes y su medioambiente”, dijo el escritor chaqueño Mempo Giardinelli.
Sin embargo, a pesar de las injusticias, todavía hay algunas pisadas semejantes a las de Jesús, que siguen sembrando amor desinteresado en las vidas que más lo necesitan.
Podemos ser indiferentes o podemos sumarnos a la tarea por medio de la acción y la oración, para que la justicia de Dios por fin se manifieste sobre quienes sufren y no son escuchados.